19 septiembre 2011

SENTIRTE


Una vez más.

……………..Sí, una vez más

El pasado

El hoy

Quiero hoy

…………...te quiero hoy

Juego

……..Placer

…………….Reencuentro

Tu cuerpo

…………..El mío

La historia

……………de nuestras manos

El recuerdo

…………….de nuestros ojos

Tu arde

………..el mío

Tu silencio

…………….mis palabras

Sí, una vez más

sin pensar, sólo sentir

……………………….sentirme

…………………………………sentirte

………………………………………….Una vez más

12 septiembre 2011

LOS LUGARES QUE ME AMARON


Lugares. Momentos. Vida.

Junín y un año que ya no recuerdo. Un invierno. Un comienzo. Un despertar.

La niñez de la mano de la inocencia y un corazón latiendo.

La escuela de Beauchef. Sus aulas, el patio, las baldosas que pisé, transformadas en nubes que me llevaban a soñar. Unas llaves. La primera ilusión.

Los veranos en Daract, un helado compartido, una historia en bicicleta, la vereda y el umbral.

Aquella calle que no me aviso que sería mi hogar. Año tras año por el mismo lugar, camino a la casa de los abuelos.

Alberdi entre Varela y Pedernera, se sumaban a este mapa. Una vuelta a empezar, un “si, gracias”, un amor incondicional. La vida que cambiaba.

El aroma y tu apodo, la aventura y la verdad.

La amistad que se mezclaba en un rincón del corazón. Las escaleras cotidianas, tus ojos y mi dolor.

La Lucila y su mar, aquella estrella fugaz mensajera de una despedida para siempre.

Una fábrica, tu saludo y la sonrisa picaresca aferrada a mi alma.

Aquellas calles de Almagro que guardaron el secreto. Esa plaza donde descansan mis letras perdidas y un te amo olvidado.

El trayecto a casa de mis padres, caminando, varias veces. El viento que secaba mis lágrimas.

El escondite secreto que nos refugiaba de la realidad, que a la vuelta de la esquina nos daba una cachetada.

Un adiós sellado en Palermo y una decisión tomada en Pilar.

El recorrido del treinta y seis, un mate, una mirada y tu mano sujetando la mía. El Botánico y la cuenta regresiva para verte.

Un jazmín y dos bares

Un cine.

Y mi casa cayéndose del mapa.

06 septiembre 2011

LAS NOCHES


Las noches de Madrid siempre habían sido iguales.

Hacía nueve años que estaba instalada allí. Dije que iba porque quería crecer. Despegar. La verdad, huí. No quería volver a verlo nunca más en la vida.

Era muy chica cuando nos pusimos de novios. Él tenía su vida hecha y yo recién comenzaba a salir al mundo. Mundo que me aterraba, muy distinto al que había imaginado. Tantos cuentos de hadas, me habían hecho crear en mi mente, una realidad que muy lejos estaba de la verdad.

Lo amaba. Demasiado. Él no.

Peleábamos constantemente hasta el punto de llegar a lastimarnos con palabras hirientes. No podía dejar de amarlo y me fui.

Llegué a España por una casualidad. Me salió una beca en la facultad y no dudé.

Inmediatamente conseguí trabajo en una escuela secundaria, ellos la llaman preparatoria. En Madrid conocí a Pablo. Nos hicimos amigos y con el tiempo decidimos probar como pareja. Él era muy distinto a aquel amor que había dejado en Argentina. Teníamos una relación tranquila, sin peleas, sin agresiones, sin nada. De tan buena que era, se tornaba aburrida. Decidí que mi vida debía cambiar. Las noches de Madrid siempre eran iguales, hasta que una mañana mientras desayunábamos juntos, me animé a decirle que ya no quería seguir. Pablo no se enojó, no gritó, no me odió. Yo esperaba una reacción, pero no sucedió.

Mi soledad y yo caminábamos las calles madrileñas pensando y sintiendo. Viviendo o tal vez sobreviviendo.

En un arranque de melancolía tomé un avión y volé a casa. Reencontrarme con mis seres queridos, me devolvió a la vida.

Decidí verlo. Sea cual fuera su situación. Jamás lo había olvidado, incluso en el mejor momento de la relación con Pablo.

El coraje lo había dejado en España. Di treinta vueltas antes de marcar su número. Tal vez no era el mismo ¡habían pasado tantos años! Eso también me asustaba. Si bien el tiempo me había favorecido físicamente, mi alma había cambiado. Las desilusiones de la vida me convirtieron en una mujer autosuficiente, refugiada tras un escuro de acero.

Llamó una, y el corazón me latía cada vez más fuerte. Llamó dos y me estaba arrepintiendo. Al tercer sonido estaba decidía a cortar, pero alguien del otro lado me frenó con un hola, que tuvo que volver a repetir, porque mis palabras habían quedado atrapadas en mi garganta. Finalmente respondí con otro hola. Inmediatamente reconoció mi voz. Se lo notaba contento. Mi tono era uniforme. Miedo y más miedo. Quedamos en vernos en el lugar de siempre. No estaba tan segura de poder volver a aquel sitio, pero lo intentaría, eran más las ganas de verlo.

Él también había cambiado, los años lo habían hecho madurar. Un matrimonio frustrado y una hija fruto de aquel amor que no perduró. Hablamos mucho de varias cosas. Sentía unas ganas inmensas de que sus brazos me envolvieran. No se lo pedí. Me fui de aquel lugar con la sensación de no haber dicho todo. Quería volver a Madrid a pesar de que sus noches siempre eran iguales para mí. Prefería la aburrida cotidianeidad, que volver a sentir amor.

Me quiso ver antes de mi partida. No habló. Se acercó al punto de incomodarme y me dijo “que tonto fui al dejarte ir”. Sonreí asintiendo su afirmación. Me besó y no me resistí. No esta vez.

Algo volvía a empezar.

No viajé. Decidí quedarme a su lado.

Valía la pena una segunda oportunidad. Ya no creía en refranes, las segundas vueltas podían ser mejor que los primeros intentos.

De algo estaba segura, las noches de Buenos Aires nunca habían sido iguales.

29 agosto 2011

MI LUGAR, LA FRONTERA


La escuela de frontera número seis la esperaba.

Nadie había estado de acuerdo con su decisión, pero ella sentía que aquel podía convertirse en su lugar en el mundo. Ese que muchos pasan la vida buscando, sin suerte.

El miedo venía a molestarla sin falta, todas las noches, pero ella lo ignoraba.

Nada podía detenerla.

La mañana del dos de febrero tomó conciencia del paso trascendental que daba en su vida.

Un avión hasta la capital y un micro que la dejaba en el pueblito más cercano. Todavía quedaba un último tramo por recorrer. Sólo la valija de rueditas, que parecían cansadas por el trayecto rocoso, y su bandolera extra large.

Se dispuso a buscar la forma de llegar a destino.

Finalmente un vecino del lugar se ofreció a llevar a la nueva maestra, hasta la escuela. En el viaje, el conductor le fue narrando distintas historias, algunas graciosas, otras crueles. Los niños del lugar eran muy sufridos. Nada iba a ser fácil para ellos. El sueño de la mayoría era terminar sus estudios para “ser alguien en la vida” como le recordaban sus padres, los mismos que los obligaban a debatirse entre estudiar o ayudar con el trabajo en el campo.

Había escuchado historias como esas en repetidas oportunidades, pero ahora era diferente, ella era la protagonista.

En sus manos estaba la formación de aquellos niños que intentaban, tal vez sin suerte, virar el rumbo de su destino.

La escuela estaba mejor de lo que esperaba. Le faltaba algo de pintura pero nada que no tuviera solución. Pegada a la misma se encontraba la casa que a partir de ese momento, se convertiría en su hogar.

El lugar era lúgubre, pero se propuso darle vida. Limpió y ordenó. Al día siguiente fue caminando hasta el pueblo, compró cortinas nuevas y todo lo que consideró que hacía falta.

Ese primer mes había sido duro. Estuvo a punto de desistir varias veces. Sin embargo, aferrada a los rezos que noche y día le ofrecía a la Virgen de Fátima, siguió adelante.

Marzo fue diferente. Los chicos comenzaron las clases y ella su tarea. Aquellas caritas reafirmaron que la decisión tomada era la correcta. Todos en el pueblo hablaban de la nueva maestra. En conjunto pintaron la escuela y con la ayuda de aquellos que habían quedado en la ciudad donde nació, pudo darles a todos, lo que se merecían. Los meses fueron pasando y el trabajo era cada vez más exhaustivo. No tenía tiempo de recordar. Muchos fines de semana visitaba el pueblo y participaba de las peñas que se armaban. Su vida había cambiado. Por primera vez sintió que aquel lugar era donde quería permanecer para siempre. Sus chicos, el motor de la felicidad.

23 agosto 2011

HOY ES DIECIOCHO


Hoy se hizo de noche

recuerdo que es dieciocho

.............................................te pienso

siento angustia

...........................bronca

sobreviene la calma

...................................nostalgia

tal vez algún momento perdido, una especie de sonrisa y la mirada perdida

hoy te extraño

..........................siempre te extraño

palabras

...............frases

..........................dichos

hoy pronuncian mis labios, ayer los tuyos

volver al pasado

sentir que nunca sucedió

hoy es dieciocho. Uno más

................................................y todos los que faltan

ayer un dieciocho era distinto

confesiones

......................risas

................................complicidad

hoy nada puede cambiar

no hay cuentos ni poesías que te devuelvan

sin embargo

........................hoy volví a escribirte.

16 agosto 2011

DOS TONTOS PARA EL AMOR



Era su cumpleaños.

Él la había invitado a aquella confitería donde hacían las tortas de manzana más ricas del mundo.

Esa mañana despertó con un entusiasmo pocas veces vivido.

Se arregló el pelo, se pintó las uñas de un rojo opaco. La tarde anterior había pasado a buscar su trajecito gris, el de salir, por la tintorería. Se colocó el prendedor, herencia de su madre. Tomó aquel perfume importado que había comprado en París y guardaba sólo para ocasiones especiales. Roció su cuello y muñecas.

El taxi la pasaría a buscar dieciséis treinta en punto para estar a las five o´clock en destino.

Frotaba sus manos varias veces. Eran tres y media y estaba lista. Miraba continuamente la ventana como si de esa forma el tiempo fuera a pasar más rápido.

Él esperaba con un ramo de flores.

También estaba nervioso. Vestía un traje, que a pesar de sus esfuerzos, seguía teniendo aroma a naftalina, pero ya había dejado de importarle, la esperaba ansioso. Contó los días como si fuera preso, desde el momento en que se animó a invitarla a tomar el té. Y vaya si había estado preso, tantos años postergando aquel encuentro.

Ella cumplía setenta y seis años y el ya tenía setenta y nueve. Aquella tarde en la que se encontraron por casualidad, sintió que ya no quedaba demasiado tiempo, pero estaba seguro que lo que fuera, lo quería compartir con ella.

Eran tan jóvenes cuando se conocieron. Para ese entonces las cosas no eran tan fáciles. Ella estaba abocada a su vida laboral y el venía de una separación. No le había sido sencillo dejar a sus hijos.

Se enamoraron. Perdidamente. Intentaron estar juntos un par de veces, pero era inútil. Ella tomó la decisión. El amor no siempre alcanzaba. No se volvieron a ver más en años. Ella formó una familia preciosa. El intentó salvar la que ya tenía. La vida no había sido tan mala para ninguno pero ambos tenían una cuenta pendiente. La vio entrar caminaba hacia la mesa, estratégicamente reservada, quiso pararse para ser caballero como lo había sido toda la vida y a pesar de que las piernas le temblaron, la recibió como se merecía. Ella se ruborizo al verlo y sentía cosquillas en la panza. Se miraron. Sus ojos decían tantas cosas. Tomaron té, aunque él hubiese preferido un buen mate. Infaltable, la torta de manzana. A pesar de que no podían abusar de lo dulce, esa tarde todo estaba permitido. Rieron. Recordaron viejos tiempos. Parte de su historia, el resto la inventaron. Tantos años esperando el reencuentro que ni todas las horas del día ni de la noche iban a alcanzar.

Se sentía un cobarde por no ir directo al punto. Tan cobarde como aquella vez que la dejo ir.

La hora de la despedida revoloteaba en el aire. Afuera era de noche. Ella le agradeció aquella merienda de cumpleaños. El tomó su mano y se quedo contemplándola, las arrugas marcaban el paso de los años. Se arrepintió de no haberlos vivido a su lado. Recordó el día que tomó por primera vez aquella mano joven y pensó en lo felices que podrían haber sido.

Ella se dio cuenta, que una vez más, él no se iba a animar a decirle que la amaba.

09 agosto 2011

TAL VEZ


La nota lo decía bien claro. A las diez en el bar de siempre.

Dudé. Podía ser una broma de muy mal gusto pero la letra era inconfundible y creí.

Allí estaba. Impaciente. Incomodo. Pero parecía feliz.

Sí, era él. Aunque costó que mis retinas reconstruyeran su imagen.

Me acerqué sigilosa. No me decidía a sentarme. Lo percibió pero no dijo nada. Miré a mí alrededor, todo parecía normal.

Perdió su mirada en la ventana, quería capturar imágenes. Hacía tiempo que no transitaba por estos lados.

No me apuró. Algo parecía haber cambiado durante estos meses que pasamos sin vernos.

Finalmente me senté. Nos miramos. Mis ojos se inundaron.

Lo extrañaba.

A pesar de la rutina, de los nuevos proyectos. Lo extrañaba.

Sonrió. Picara sonrisa que jamás se me borro de la mente en el tiempo transcurrido.

¿Cómo estas? - Preguntó.

Que amplia la pregunta ¿Qué responder? ¿Tan sólo bien o la verdad?

Comenzamos a charlar.

La moza nos interrumpió para tomarnos el pedido

Un café y una lágrima en jarrito, por favor.

Indudablemente no se había olvidado de mí.

Miré sus manos. Siempre me gustó mirarle las manos.

Su estadía era corta pero no quería desaprovechar la oportunidad de volvernos a ver. Me extrañaba. Se dio cuenta cuando me vio entrar.

¿Y vos cómo estas?

Mi pregunta no sólo era amplia, sino la más curiosa de todas las preguntas que había hecho en mi vida.

Otra vez retomamos la charla. Me contó de aquí y de allá. De lo que espera. De lo que ve. Dice estar tranquilo y eso me alegra. Que todo es mucho más fácil, pero que igual tiene que trabajar. Algunas noticias lo entristecen. Le llegan todos los mensajes que le enviamos y los guarda en una cajita, de madera por supuesto.

Que no extraña tanto. Salvo a algunas personas. Que le preocupan ciertas situaciones, pero que no puede hacer nada. Le gustaría limpiar la conciencia de muchos, pero todo tiene que seguir su curso.

Parecía que el café estaba rico. Lo disfrutaba. Lo olía cada tanto. En cambio a mí, la lágrima me pasó como si nada. Tal vez por costumbre.

Miró la hora

¿Ya te tenés que ir?

En un rato.

Algo dentro de mí se transformaba. ¡Cuanto necesitaba esa charla!

Escuché sus consejos. Me aseguró que debía sufrir menos y divertirme más, que luego las cosas cambian y solamente son validos aquellos buenos recuerdos, por eso había que acumularlos.

Yo quería detener el tiempo pero eso era algo imposible.

La despedida estaba próxima.

Me sentía más aliviada.

Se levantó y yo hice lo mismo. Adivinó mi intención y me abrazó primero.

Un fuerte abrazo que duró bastante y otra vez la inundación en mis ojos.

Alegría.

Inmensa.

¿Te voy a volver a ver?

Tal vez.

Y no dijo más.

Te quiero, llegué a gritar, cuando atravesaba la puerta.

Sonrió y se fue.

Tal vez, quedó rondando en mi cabeza, pero sentía en mi corazón que ese había sido nuestro último encuentro.

01 agosto 2011

CANSANCIO


Cansada

cansada de dar sin recibir nada a cambio

cansada de hacer las cosas “bien”

cansada de decepciones

de gente

de los que dicen quererte

de injusticias

cansada de las posibilidades perdidas

de ser el último orejón de todos los tarros que existen

Cansada de nosotros

de esperar algo que no llega

cansada de las ausencias

de los vacíos

de los silencios

de las palabras

Cansada

...............tal vez de mí.

25 julio 2011

2075


Era su última oportunidad de echar un vistazo antes de que su padre entregara las llaves de aquella casa que la había visto nacer.

Cada espacio guardaba un secreto. Una historia. Comenzó por el que había sido su cuarto. Los claroscuros de la pared le recordaban cada póster que lo adornaba, cuando aún era una adolescente. Aquella ventana que la había llevado a soñar con mil cuentos. Cada lugar conservaba el aroma de su hogar a pesar del vacío. El patio donde estaba la hamaca. Su hamaca, aquella en la que depositaba su tristeza. Aquel rayo de sol que en primavera la llenaba de vida en el vai ven interminable.

Las altas persianas de madera barnizada, separaban los ambientes.

La calida cocina donde los aromas se entremezclaban, el pan recién horneado y el budín marmolado, la especialidad de su madre. Los recuerdos la invadían. Una vieja canción y un caballito que iba a Belén.

El living en el que tantas tardes estudiaba. Estudiaba y escribía. Escribía inspirada por aquél ventanal que la transportaba vaya a saber a que lugares. Todos aquellos ambientes se robaban un pedacito de alma. De vida felizmente vivida.

Ya no era su espacio.

Miraba todo por última vez. Intentaba recordarlo. Cada cosa en su lugar pero el eco de su voz la trajo a la realidad y volvió a sentir el vacío. Sí, a sentirlo. Aprendió que el vacío también se siente.

Ya no había más tiempo.

Cruzó aquel umbral, el mismo en el que solía sentarse todos los veranos a ver pasar los días.

Ya estaba afuera.

El auto en marcha.

La vida ya no iba a ser igual a la que conocía.

12 julio 2011

¿QUIÉN TE VA A LLORAR EL DÍA QUE TE MUERAS?


¿Quién te va a llorar el día que te mueras? Ser sin piedad. Egoísta, engreído.

Las flores se marchitan con tu andar y el cielo se nubla con tu mirada.

El día te teme, la noche te escapa.

La vida te tolera sólo por compasión.

Avaro, miserable, desalmado.

¿Quién te va a llorar el día que te mueras? Tu sonrisa falsa, tu modestia atrapada en un corazón que no existe.

Nadie te va a llorar el día que te mueras porque todos los que alguna vez te quisimos, fuimos lastimados por tus palabras, por tu rencor.

Vida sin vida. Alma sin sentimiento.

El gris tiñe tus sueños, aquellos que algún día supieron ser míos.

¿Quién te va a llorar el día que te mueras?

Siento pena en mi alma. Tristeza. Dolor.

Los muchos días que te quedan por vivir, serán en soledad. Y mientras lloro, la ausencia de aquel que se fue sin merecerlo, me pregunto ¿Quién te va a llorar el día que te mueras?

04 julio 2011

EN TUS SUEÑOS


Dormía. La vio tan hermosa, que aún no podía creer que esa había sido su primera noche juntos.

Dormía y él pensaba las mil y una maneras de decirle cuanto la amaba.

Acariciaba su espalda suavemente, apenas rozaba las yemas de sus dedos por aquel cuerpo de mujer.

Pensó en el futuro, en que podría vivir toda la vida a su lado.

Dormía. Y se enamoraba de ese insignificante sonido que hacía al respirar. Cuantas cosas faltaban por conocer juntos ¿cómo sería aquella mañana? Despertar abrazados.

Lloró. De alegría. De una felicidad inmensa.

No podía dejar de mirarla. Quería despertarla para decirle que la amaba.

27 junio 2011

ESCRIBIR ES SEDUCIR: 5 AÑOS!!!!!!


Hola a todos

Esta vez mi post no se trata de algún cuento o poesía. Hoy mi blog cumple 5 años y quería agradecerles a todos ustedes este camino recorrido.
Siempre repito que escribir alivia el alma, y no me voy a cansar de decirlo. Cada post publicado tiene un pedacito de mi.
Escribir es mi esencia, el pasaje a un mundo mágico donde todo se exorciza.
Escribir es seducir, como bien bautizado, está este espacio.
Desde aquel día, que sin saber demasiado, comencé a presionar algunos botones al azar para crear esto, llamado blog, y aquella primera publicación homenaje a un gran periodista y amigo que me insistió para que dé a conocer mis letras. Pasando por todos los sentimiento vividos a través de cuentos, al comienzo muy mal escritos y luego mejorando gracias a mis maestros y mi propia experiencia.
Quiero agradecer y destacar que hoy me acompañan los chicos de Wanna Diseño Gráfico, que se sumaron este año, ilustrando los cuentos y poesías.
Este blog cumple 5 años y no es poco.
Deseo que sea por muchos más.
Agradezco que ustedes estén del otro lado, leyendo y comentando lo que escribo y los invito a seguir compartiendo este largo camino que será eterno.

MUCHAS GRACIAS!!!!!!!!!!!!!!!!!!

02 junio 2011

OSCURIDAD


Tiniebla
-------- engaño
--------------- mentira

pasado
------- dolor
------------- ausencia

llanto
------ ansias de detener el sufrimiento

extraño
-------- añoro
--------------- temo

aguardo en la espera

vivo
---- vivo
--------- vivo

22 marzo 2011

FEBRERO DE CARNAVAL


Febrero era el mes en que la vida se teñía de anaranjado. Cuando las cosas malas dolían menos.

Esperaba ese mes con gran emoción.

La familia viajaba a Mar del Plata desde Navidad hasta fines de enero. Pero febrero era todo mío y lo compartía con los chicos del barrio.

Íbamos todos a espiar los preparativos que se hacían en el club San Lorenzo de

Almagro, para darle la bienvenida a las noches de Carnaval.

Avenida La Plata se vestía de fiesta. Grandes y chicos se conmocionaban.

Todos los años mamá nos cosía lindos disfraces a Marcelito y a mí.

Pero esa vez había decidido no ponérmelo.

Papá se enojó.

Mamá comprendía.

Sabía de la existencia de Julián, el chico más lindo del barrio. Tenía catorce y era todo un hombre. Yo, con dos años menos, me sentía tan poca cosa.

Le pedí a mamá que me hiciera el vestido que habíamos visto en una revista de modas. Tenía corte princesa y una amplia falda que formaba una campana gracias a la enagua.

Julián no me daba bolilla. Se la pasaba jugando al fútbol con sus amigos.

Yo me quedaba largo rato mirándolo, hasta que papá mandaba a Marcelito a avisarme que era la hora de entrar.

El sábado 19 de febrero fue el gran día.

Todas las familias se reunieron en San Lorenzo. Iba a cantar el ídolo. Mamá lo disimulaba, pero a ella le gustaba tanto como a mí.

Sandro. Sandro de América.

Para él también me había vestido linda, y como Julián no me miraba, decidí que quería ser la novia de Sandro.

Salió al escenario y yo, más enamorada.

Cincuenta mil personas lo aplaudían sin parar.

Eran las dos y media de la madrugada y recién cantaba la primera canción. Yo hacía esfuerzos para vencer al sueño.

La abuela y Marcelito no aguantaron y se fueron a casa.

Me quedé con papá y mamá, que bailaban sin parar.

Que lindas épocas. Pensar que meses más tarde se separarían.

Cuando cantó “Yo soy gitano”, todos gritamos incansablemente.

Fue con “Te propongo” que Julián se me acercó.

- Hola Amelia ¿todavía estás acá? – dijo haciéndose el galán.

Pensé muchas cosas. Primero, que estaba interrumpiendo a Sandro.

Después me di cuenta de que sabía mi nombre.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo.

- Sí, cómo no voy a estar. Amo a Sandro. – y como si hubiese dicho la peor barbaridad, me tapé la boca con las dos manos.

Le había confesado al chico que me gustaba, que amaba a otro. ¡Que torpeza!

En el escenario Sandro cantaba “Déjalo”, y mamá no sabía si dejarme mirar, porque comenzó a contorsionarse como si hubiese tenido una descarga eléctrica.

Las chicas lloraban y hasta se desmayaban.

Me olvidé que Julián me había hablado por primera vez.

Los acordes dejaban descubrir “Voy a abrazarme a tus pies”.

Sí.

Indudablemente estaba más enamorada de Sandro que de Julián.

Qué lindos los carnavales.

Qué mágico Febrero! Ése más que ninguno.

En un momento dado perdí de vista a mis padres.

Me asusté un poco pero enseguida vi a Don Manolo, el almacenero del barrio. El papá de Julián.

Él estaba a su lado. Se dio cuenta que me había perdido y vino hacia mí.

Quedamos lejos del escenario, pero “Penumbras” sonaba como si el ídolo la estuviera cantando al lado nuestro.

Julián se acercó más.

- Se que no soy el amor de tu vida, pero ¿querés bailar conmigo? – y extendió su mano en busca de la mía.

Acepté.

Bailamos hasta las cuatro de la mañana.

Sandro se fue sin que ninguno de nosotros pudiera ni tocarle la mano. Ya no me importaba.

En febrero de 1972 Julián me dio mi primer beso.

Fuimos novios todo el invierno y la primavera.

Con el verano llegó otro febrero y otros carnavales.

A Sandro no lo volví a ver.

Julián y su familia se mudaron lejos.

Papá terminó de hacer sus valijas.

09 marzo 2011

SINFONÍA INCONCLUSA


A J.C.

Caricias
..............Fuego
.........................Encuentro
Lo intuyo
Deslizas tus manos por mi piel
Lo presiento
Mis labios te sostienen
Suaves acordes
.......................... Danza perfecta
Respiro
.............. respiras
Guardas silencio
..............................guardo silencio
Es amor
............... lo que callamos.

03 marzo 2011

ESO CREÍA


Nunca supe muy bien que fue lo que me impulsó a tomar aquella decisión.

Era una mujer feliz.

Con algunos altibajos, como todos. Pero sí, era feliz.

Nunca tuve demasiadas aspiraciones. Me conformaba siempre con lo que el destino me tenía deparado. Lo aceptaba sin reproches.

Algunos fueron profundos dolores. Grandes pérdidas. Aún así era feliz.

Formé una preciosa familia, “como la que salen en las revistas”, decían las vecinas.

En mi profesión era la mejor.

Sí, mi vida era una buena vida.

Jamás me faltó el dinero y la suerte jugaba de mi lado.

Tuve una infancia alegre. Buena alumna en el colegio y destacada en los deportes.

Sí, definitivamente todavía no se muy bien que fue lo que me impulsó a tomar aquella decisión.

Esa mañana…

Terminé con mi vida.

24 febrero 2011

PESARES


Pena
----- dolor
-----------angustia
agobio de los días
intranquilidad de las noches

Pena
----- dolor
-----------olvido
rutina incesante
tedio cotidiano

Opresión
---------cansancio



Sueño
-------añoro
------------- deseo.

11 febrero 2011

EL VESTIDO ROJO


Despertó.

Estaba solo.

Sintió angustia y desconcierto.

No podía recordar el nombre. Tal vez nunca se lo había preguntado.

Aquél hotel de mala muerte no permitía notar el paso del tiempo. Estaba confundido, mareado.

Por las endijas de las persianas se colaba el sol del medio día.

Parecía que había dormido por horas. No tenía noción del tiempo.

Sentía el cuerpo impregnado con su aroma, pero se marchó sin dejar rastros. Comenzó a recordar que había sucedido la noche anterior. A eso de las siete de la tarde comenzó a caminar sin rumbo. La noticia lo había desbastado. Jamás lo hubiese imaginado de ella. Terminó en un barsucho, en las afueras de la ciudad. Comió alguna porquería y se dedicó a fumar sin pausa, con la mirada perdida. En un arrebató de realidad la vio. Era la mujer más hermosa, que en sus cuarenta años de vida, había contemplado.

Se olvidó de todo. De la mala noticia, de la traición, de aquél dolor profundo que experimentaba por primera vez.

Ella estaba sola. A tres mesas de distancia.

No podía dejar de mirarla.

Estaba enfundada en un corto vestido rojo que brillaba, encandilando.

Él llamó a la moza y pagó la cuenta de aquella mesa. Las miradas se cruzaron. Ella se acercó a la vieja gramola, buscó entre los discos y encontró aquella canción que tanto lo seducía.

Él quedó sorprendido. Recordó momentos con su mujer, con la que ya no era. Hizo foco en aquellas curvas bien marcadas, que danzaban suavemente al ritmo de la música. Se aproximó sin pensarlo. La tomó por la cintura y comenzaron a bailar. Sus cuerpos se atraían. Un calor intenso los inundaba. Él se estremeció. Ella parecía tranquila.

No podían dejar de bailar.

Parecían conocerse de toda la vida. Que no fuera cierto, era una gran ventaja.

El miró su boca. La deseaba. El calor no cesaba. Con un movimiento inesperado ella lo besó. Él respondió.

No pensaron. No hablaron.

Ella conducía la situación. Tomó su mano y lo saco de aquel lugar. Fueron al primer hotel que encontraron.

Solos en la habitación, no podían dejar de besarse. Ni siquiera sabían sus nombres. No hacía falta. Aquél vestido rojo quedó tirado en el suelo. Las caricias eran insaciables. La contemplaba con admiración. Ella seguía manejando el juego. Sus movimientos eran torpes. Estaba nervioso. Ella hacia todo para que él se entregara.

Hicieron el amor hasta agotarse. Una y otra vez.

Jamás había experimentado algo igual. Ninguna de las mujeres que habían pasado por su vida, se comparaba a ella.

Allí estaban desnudos, extenuados. Se quedó dormido sobre su pecho.

Despertó.

Estaba solo.

02 febrero 2011

PASCUA


Él no lo sabía.

Caminaba de un lado al otro.

Llevaba puesta esa camisa cuadrille engamada en azul.

Trataba de hablar por celular pero le era imposible.

Ahí estaban todos. Su familia. Sus seres queridos.

Lo vi.

Quedé sorprendida. Tenía muchas ganas de abrazarlo.

Me vio.

Descubrí que no sabía la verdad.

Me acerqué a él.

Le sonreí y lo tomé por el hombro. Nos fuimos caminando.

Hablábamos de cualquier cosa, como siempre.

Las lágrimas me jugaban una mala pasada.

Lo alejé de aquel lugar en el que iba a descubrir que había muerto.

24 enero 2011

LUCIANO


Es tu ausencia la que abruma mis días.
Las simples cosas que perciben mis retinas y que no vas a volver a ver conmigo.
Las palabras que guardamos para después.
La canción que no cantamos.
Las peleas que no tuvimos.
Es la suma de estas horas que ya no son iguales.
Es buscarte por algún lado.
Oir tu voz en eco, pronunciando mi nombre.
Es que no estés.
Es este dolor.
Es la eterna resignación.
El recuerdo utilizado por milésimas para que no se termine.
Sos vos.
Y yo.
Esperando el reencuentro.