15 octubre 2010

JAZMINES


“Jazmines” abría sus puertas.

Aquel lugar había sido su casa de la infancia hasta los veinte. Por problemas económicos, debieron abandonar la propiedad construida por sus bisabuelos y que fue pasando de generación en generación.

Se prometió volver. Comprar la casa en la que había nacido, donde la historia comenzaba.

Sus abuelos se habían conocido, sus padres se enamoraron en aquel patio. Todos nacieron y festejaron sus cumpleaños.

La casa guardaba el recuerdo de innumerables momentos.

Volver a sentir el peculiar aroma que emanaba los claroscuros de sus ambientes.

Se lo había propuesto y finalmente después de mucho esfuerzo consiguió cumplir aquel sueño.

Ya no quería habitarla. Así como sus antepasados fueron felices entre aquellas paredes, había decidido darle felicidad a muchas personas más.

Debía ser un lugar de encuentro. Un bar. Tan representativo de su país.

Tomar un café. De paso, por placer, con la familia, en soledad. Había tantas formas de tomar café, tantos motivos por los que entrar a un bar.

La transformación llevó bastante tiempo, pero ella se sentía feliz. Participaba en cada detalle. Allí también debía haber un espacio dedicado a la cultura. Decidió que era tiempo de compartir una de sus pasiones. Hizo construir bibliotecas y encontró un lugarcito aislado donde colocó un par de mesas y una cantidad innumerable de libros. En las habitaciones de la planta alta se iban a inaugurar dos aulas en las que se dictarían diversos cursos de arte.

La terraza también debía ser aprovechada. El sol acompañaba desde temprano y serían maravillosos los desayunos al aire libre.

Aprovechó que la mayor parte de la casa estaba decorada en madera y siguió aquel estilo. Los meses anteriores a la finalización de la obra, se sentía ansiosa.

Por fin el bar estaba terminado. El día de la inauguración todos sus seres queridos estaban presentes. Jazmines abría sus puertas.

Jazmines por su flor preferida que planto en cada cantero. Una vez en funcionamiento vio pasar instantes de las vidas de millones de personas. Algunos habitúes del lugar otros, golondrinas. Robó aquellas imágenes, todo lo que iba descifrando y escribía. Todo la inspiraba allí.

Paso su vida, conoció a su amor. Tuvo hijos y nietos.

Transcurrieron tantos años de aquel maravilloso día. Ya es una mujer grande. Muchas veces se siente cansada, pero sabe que el motor que la impulsa a seguir viviendo es aquel bar, perdido en medio de un barrio cualquiera de Buenos Aires. Jazmines.

6 comentarios:

MORGANA dijo...

Bellísima historia,me emocionó.
Besitos

MORGANA dijo...

Bellísima historia,me emocionó.
Besitos

Alís dijo...

Un bar regentado con vocación es mucho más que un establecimiento donde tomar un café. Se va llenando de vida, de historias, de energías...

Preciosa historia. Me hiciste recordar un bar que frecuentaba y al amigo que lo llevaba. Ambos ya no están, pero no se les olvida.

Besos

Rochitas dijo...

antes q nada, saqueme el videito de Sergis acompañado de su ultima conquista que me deprime, el es de Rochies.
Jazmines es un sueño que tenemos que hacer realidad.
Y disfrutar en el proceso, harto necesario, sin ansiedades. Me veo muy mucho con un jazmines en el paisito...

Xiomara Beatriz dijo...

Jazmín una historia dulce... emotiva...aroma a vida llena de intensidad...hermosa!...besos

mi nombre es alma dijo...

Tomaremos un café en Jazmines.