11 febrero 2011

EL VESTIDO ROJO


Despertó.

Estaba solo.

Sintió angustia y desconcierto.

No podía recordar el nombre. Tal vez nunca se lo había preguntado.

Aquél hotel de mala muerte no permitía notar el paso del tiempo. Estaba confundido, mareado.

Por las endijas de las persianas se colaba el sol del medio día.

Parecía que había dormido por horas. No tenía noción del tiempo.

Sentía el cuerpo impregnado con su aroma, pero se marchó sin dejar rastros. Comenzó a recordar que había sucedido la noche anterior. A eso de las siete de la tarde comenzó a caminar sin rumbo. La noticia lo había desbastado. Jamás lo hubiese imaginado de ella. Terminó en un barsucho, en las afueras de la ciudad. Comió alguna porquería y se dedicó a fumar sin pausa, con la mirada perdida. En un arrebató de realidad la vio. Era la mujer más hermosa, que en sus cuarenta años de vida, había contemplado.

Se olvidó de todo. De la mala noticia, de la traición, de aquél dolor profundo que experimentaba por primera vez.

Ella estaba sola. A tres mesas de distancia.

No podía dejar de mirarla.

Estaba enfundada en un corto vestido rojo que brillaba, encandilando.

Él llamó a la moza y pagó la cuenta de aquella mesa. Las miradas se cruzaron. Ella se acercó a la vieja gramola, buscó entre los discos y encontró aquella canción que tanto lo seducía.

Él quedó sorprendido. Recordó momentos con su mujer, con la que ya no era. Hizo foco en aquellas curvas bien marcadas, que danzaban suavemente al ritmo de la música. Se aproximó sin pensarlo. La tomó por la cintura y comenzaron a bailar. Sus cuerpos se atraían. Un calor intenso los inundaba. Él se estremeció. Ella parecía tranquila.

No podían dejar de bailar.

Parecían conocerse de toda la vida. Que no fuera cierto, era una gran ventaja.

El miró su boca. La deseaba. El calor no cesaba. Con un movimiento inesperado ella lo besó. Él respondió.

No pensaron. No hablaron.

Ella conducía la situación. Tomó su mano y lo saco de aquel lugar. Fueron al primer hotel que encontraron.

Solos en la habitación, no podían dejar de besarse. Ni siquiera sabían sus nombres. No hacía falta. Aquél vestido rojo quedó tirado en el suelo. Las caricias eran insaciables. La contemplaba con admiración. Ella seguía manejando el juego. Sus movimientos eran torpes. Estaba nervioso. Ella hacia todo para que él se entregara.

Hicieron el amor hasta agotarse. Una y otra vez.

Jamás había experimentado algo igual. Ninguna de las mujeres que habían pasado por su vida, se comparaba a ella.

Allí estaban desnudos, extenuados. Se quedó dormido sobre su pecho.

Despertó.

Estaba solo.

23 comentarios:

✙Eurice✙ dijo...

Hay alucinaciones o sueños tan reales que te dejan con ese incognita de si pasó no pasó.
Besos!

Adolfo Payés dijo...

Bello como siempre.. se disfruta tu espacio..

Un abrazo
Saludos fraternos..

Que disfrutes de un bello fin de semana..

MAJECARMU dijo...

Hay realidades que parecen sueños y sueños que parecen realidades...En cualquier caso lo importante es que, la vida nos tome de la mano y nos regale un milagro,que nos aliente y nos impulse a seguir adelante.
Muy bien escrito,centrado y realista.
Mi felicitación y mi abrazo grande,Lulú.
M.Jesús

Cecy dijo...

Ese hombre esta verdaderamente solo.
Aunque se despierte acompañado.

Toda una realidad en tu texto.

Un beso y buen finde!

Xiomara Beatriz dijo...

me encanto tu relato ...con ingrediente que te llevan hasta el final la soledad es tan fácil ahuyentarla por solo una noche de pasión...besos Princesa

Anónimo dijo...

Buen texto!

Maty

Anónimo dijo...

Muy bueno!!!!! Cada día mejor!!!!

Vero

Alezhi dijo...

Qué triste, pero al menos por un momento se olvidó el hombre de todo y la gozó en serio.

La paciente nº 24 dijo...

Mmm, como aquel libro de Cernuda; entre "la realidad y el deseo".

Me gustó el interrogante que supone ese final.

tomasuncafe dijo...

tan solo como cuando comenzó a pensar en ella sin ella, hermosa pintura del desamor en la necesidad de entender, besos

Janeth dijo...

Tus letras son sensuales y llenas de sentimiento y tanta pasion; me encantaron,... a veces la realidad se confunde con la ficcion, el personaje de esta historia bien que supo disfrutar cada momento de su candente imaginacion....

TORO SALVAJE dijo...

No sé si lo soñó o fue real.
En cualquier caso la va a encontrar a faltar.

Besos.

Tu boca dijo...

Me encanta tu blog, la forma que tienes de escribir... Un saludo.

Silvia García dijo...

Hermoso relato Lulu y magnificamente contado.
Gracias por visitarme, te dejo un abrazo.
Silvia

juan andrés estrelles dijo...

Da que pensar de lo que somos capaces de pensar, de imaginar, de hacer cuando la soledad nos invade. Buena historia un texto redondo. Un saludo.

Ojosnegros dijo...

Estaba solo pero abrió una puerta a la felicidad.
Besos.

El guardian del Faro dijo...

Me encanta....
Me quedaré por aquí.

besos

Rebeca dijo...

Despertar a la realidad a veces es cruel ¿por qué no se podrá vivir en ese estado de ensoñación eternamente? y en el aire miles de incógnitas, encontrar a la persona y que desparezca.

Primavera dijo...

Muchas personas le ocurre lo que hs contado en tu hermoso relato, el despertar es duro ante la una cama fria que no fue llenada con nadie.
Primavera

Néctar de lluvia dijo...

Es que los vestidos rojos son inolvidables. Permiten traspasar frotenras aunque después el vesitdo ya no esté.

Besos.

mi nombre es alma dijo...

Quizás sea lo mejor levantarse solo por la mañana, el recuerdo perdura más y mejor.

Ŧirєηzє dijo...

todos hemos tenido alguna vez sueños parecidos...
sensuales...llenos de rojo y de añoranzas...
hermoso post...
un abrazo
:-)

Javier Martinez V. dijo...

Una historia bien trabajada que debilita el deseo de pasar del texto y termina enganchandote. Me agrado mucho.

Recibe un gran abrazo.