25 julio 2011

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Era su última oportunidad de echar un vistazo antes de que su padre entregara las llaves de aquella casa que la había visto nacer.

Cada espacio guardaba un secreto. Una historia. Comenzó por el que había sido su cuarto. Los claroscuros de la pared le recordaban cada póster que lo adornaba, cuando aún era una adolescente. Aquella ventana que la había llevado a soñar con mil cuentos. Cada lugar conservaba el aroma de su hogar a pesar del vacío. El patio donde estaba la hamaca. Su hamaca, aquella en la que depositaba su tristeza. Aquel rayo de sol que en primavera la llenaba de vida en el vai ven interminable.

Las altas persianas de madera barnizada, separaban los ambientes.

La calida cocina donde los aromas se entremezclaban, el pan recién horneado y el budín marmolado, la especialidad de su madre. Los recuerdos la invadían. Una vieja canción y un caballito que iba a Belén.

El living en el que tantas tardes estudiaba. Estudiaba y escribía. Escribía inspirada por aquél ventanal que la transportaba vaya a saber a que lugares. Todos aquellos ambientes se robaban un pedacito de alma. De vida felizmente vivida.

Ya no era su espacio.

Miraba todo por última vez. Intentaba recordarlo. Cada cosa en su lugar pero el eco de su voz la trajo a la realidad y volvió a sentir el vacío. Sí, a sentirlo. Aprendió que el vacío también se siente.

Ya no había más tiempo.

Cruzó aquel umbral, el mismo en el que solía sentarse todos los veranos a ver pasar los días.

Ya estaba afuera.

El auto en marcha.

La vida ya no iba a ser igual a la que conocía.

16 comentarios:

El conocimiento es un amigo mortal dijo...

Los recuerdos son la única verdadera historia...

Un fuerte abrazo.

Jose Antonio Bejarano dijo...

Dejar tu casa es como dejar jirones de ti mismo. Una pequeña tragedia como cualquier despedida...

Anónimo dijo...

me encanto amiga!! me encanta leer tus historias, que muchas veces son historia de vida, de tu vida. Sabes que estoy súper orgullosa de vos, te quiero mucho.
Veru.-

Ojosnegros dijo...

Ya lo creo que se siente el vacío, y la melancolía de la casa que encierra tus recuerdos es algo que se puede mascar y se queda perpetuo para siempre en tu alma.
Un abrazo.

Cecy dijo...

Recuerdo a través de tu relato, la casa donde nací, sus olores, el pato dibujado en la pared del patio del fondo con mi hermano.
Todavía viven dentro de mí.
Duele el vacío, pero uno lo va poblando de esos momentos.
Y se consigue alivianar.
Precioso!


Un abrazo.

Alezhi dijo...

Que bonito describes cada sitio, cada espacio, la verdad es que uno se apega tanto a las cosas, y yo por ejemplo no imagino a otras personas viviendo en la casa de mis papás, sentiría como si ultrajaran nuestro espacio, como si nos robaran algo.

Yo soy como la chica que hoy describes, sentiría la misma nostalgia si estuviera en su lugar.
Saludos

tomasuncafe dijo...

la muerte de la cotidianeidad es un pedazo que vamos dejando para seguir y así ir creciendo en nuestra forma de sabernos, por otro lado inevitable para crecer y algún día dejar un recuerdo, besos

Rebeca dijo...

buaaaa, me he acordado de que mis padres han convertido mi antiguo cuarto en un vestidor, ya no quieren que vuelva nunca más a casa, ays.

Gabriel dijo...

Es que nada es nuestro; quizá sea la vida misma solo un préstamo, una oportunidad única.
Definitivamente ya nada es igual cada día...
Hermoso relato y reflexión.
Un gran abrazo

La paciente nº 24 dijo...

Has tenido la delicadeza sensitiva del mejor Proust.

Rochitas dijo...

ES UN UMBRAL ENTRE EL ANTES Y EL DESPUES; LA SENSACION DE NO PERTENECER A NINGUNA PARTE; ES CARGAR AHORA SI Y SOLA EN LAS ESPALDAS CON LA RESPONSABILIDAD DE QUE UN FUTURO VENGA Y NO QUEDARNOS DETENIDOS EN EL TRASPASO, YA SIN PILARES QUE NOS APUNTALEN, NI EL REFUGIO DE LOS VIEJOS MUROS CONOCIDOS QUE NOS SABEN DE MEMORIA.

TREMENDO COMMENT EL DE LA PACIENTITA. YO QUE UD NO CALZO EN LOS ZAPATITOS...

Anónimo dijo...

Muy lindo Lu, un poco me senti asi el otro dia cuando sacamos todo de la casa del abuelo, aunque yo no vivi ahi.
Un beso
Papa

TORO SALVAJE dijo...

Hace poco vendí la casa de mi infancia.
Me lo has recordado plenamente.

Besos.

Ŧirєηzє dijo...

la vida es asi...
hace poco oi que alos hijos hay que darle dos cosas...educcion...y alas...
algun dia hay que volar y cuesta dejar el nido...
bonita historia....

un abrazo

Manuel Ariza Canales dijo...

Los objetos y los lugares se impregnan de la vida de quienes los usan, de quienes habitan entre sus paredes.
No te vayas nunca de mi casa (Días intensos). No es el mejor blog, pero tú sí eres una de mis mejores lectoras.
Muchas gracias por estar ahí.

Silvia García dijo...

Toda mi vida fuí una nómade, a los ocho años dejaba por primera vez la casa familiar, sin colores, sin olores, solo vacío...interno.
Precioso relato, me gusta mucho como escribes.
Un abrazo
Silvia