16 agosto 2011

DOS TONTOS PARA EL AMOR



Era su cumpleaños.

Él la había invitado a aquella confitería donde hacían las tortas de manzana más ricas del mundo.

Esa mañana despertó con un entusiasmo pocas veces vivido.

Se arregló el pelo, se pintó las uñas de un rojo opaco. La tarde anterior había pasado a buscar su trajecito gris, el de salir, por la tintorería. Se colocó el prendedor, herencia de su madre. Tomó aquel perfume importado que había comprado en París y guardaba sólo para ocasiones especiales. Roció su cuello y muñecas.

El taxi la pasaría a buscar dieciséis treinta en punto para estar a las five o´clock en destino.

Frotaba sus manos varias veces. Eran tres y media y estaba lista. Miraba continuamente la ventana como si de esa forma el tiempo fuera a pasar más rápido.

Él esperaba con un ramo de flores.

También estaba nervioso. Vestía un traje, que a pesar de sus esfuerzos, seguía teniendo aroma a naftalina, pero ya había dejado de importarle, la esperaba ansioso. Contó los días como si fuera preso, desde el momento en que se animó a invitarla a tomar el té. Y vaya si había estado preso, tantos años postergando aquel encuentro.

Ella cumplía setenta y seis años y el ya tenía setenta y nueve. Aquella tarde en la que se encontraron por casualidad, sintió que ya no quedaba demasiado tiempo, pero estaba seguro que lo que fuera, lo quería compartir con ella.

Eran tan jóvenes cuando se conocieron. Para ese entonces las cosas no eran tan fáciles. Ella estaba abocada a su vida laboral y el venía de una separación. No le había sido sencillo dejar a sus hijos.

Se enamoraron. Perdidamente. Intentaron estar juntos un par de veces, pero era inútil. Ella tomó la decisión. El amor no siempre alcanzaba. No se volvieron a ver más en años. Ella formó una familia preciosa. El intentó salvar la que ya tenía. La vida no había sido tan mala para ninguno pero ambos tenían una cuenta pendiente. La vio entrar caminaba hacia la mesa, estratégicamente reservada, quiso pararse para ser caballero como lo había sido toda la vida y a pesar de que las piernas le temblaron, la recibió como se merecía. Ella se ruborizo al verlo y sentía cosquillas en la panza. Se miraron. Sus ojos decían tantas cosas. Tomaron té, aunque él hubiese preferido un buen mate. Infaltable, la torta de manzana. A pesar de que no podían abusar de lo dulce, esa tarde todo estaba permitido. Rieron. Recordaron viejos tiempos. Parte de su historia, el resto la inventaron. Tantos años esperando el reencuentro que ni todas las horas del día ni de la noche iban a alcanzar.

Se sentía un cobarde por no ir directo al punto. Tan cobarde como aquella vez que la dejo ir.

La hora de la despedida revoloteaba en el aire. Afuera era de noche. Ella le agradeció aquella merienda de cumpleaños. El tomó su mano y se quedo contemplándola, las arrugas marcaban el paso de los años. Se arrepintió de no haberlos vivido a su lado. Recordó el día que tomó por primera vez aquella mano joven y pensó en lo felices que podrían haber sido.

Ella se dio cuenta, que una vez más, él no se iba a animar a decirle que la amaba.

16 comentarios:

Otra vez a viajar al olvido dijo...

Que sorpresa! Espero no defraudarte...

Manuel Ariza Canales dijo...

A veces hay que saber dejarse ir...

Te regalo un poema de Mario Benedetti...

"Los formales y el frío"

Quién iba a prever que el amor, ese informal
se dedicara a ellos tan formales

mientras almorzaban por primera vez
ella muy lenta y él no tanto
y hablaban con sospechosa objetividad
de grandes temas en dos volúmenes
su sonrisa, la de ella,
era como un augurio o una fábula
su mirada, la de él, tomaba nota
de cómo eran sus ojos, los de ella,
pero sus palabras, las de él,
no se enteraban de esa dulce encuesta

como siempre o como casi siempre
la política condujo a la cultura
así que por la noche concurrieron al teatro
sin tocarse una uña o un ojal
ni siquiera una hebilla o una manga
y como a la salida hacía bastante frío
y ella no tenía medias
sólo sandalias por las que asomaban
unos dedos muy blancos e indefensos
fue preciso meterse en un boliche

y ya que el mozo demoraba tanto
ellos optaron por la confidencia
extra seca y sin hielo por favor
cuando llegaron a su casa, la de ella,
ya el frío estaba en sus labios ,los de él,
de modo que ella fábula y augurio
le dio refugio y café instantáneos

una hora apenas de biografía y nostalgias
hasta que al fin sobrevino un silencio
como se sabe en estos casos es bravo
decir algo que realmente no sobre

él probó sólo falta que me quede a dormir
y ella probó por qué no te quedas
y él no me lo digas dos veces
y ella bueno por qué no te quedas
de manera que él se quedó en principio
a besar sin usura sus pies fríos, los de ella,
después ella besó sus labios, los de él,
que a esa altura ya no estaban tan fríos
y sucesivamente así
mientras los grandes temas
dormían el sueño que ellos no durmieron.

Rochitas dijo...

http://es.wikipedia.org/wiki/Lo_que_queda_del_d%C3%ADa_(pel%C3%ADcula)

y siguieron viviendo como si fuesen eternos, con ese no por si acaso.

Patito dijo...

Maravillosa la descripción de la vejez del cuerpo y la juventud del alma. Me has hecho enternecer y el final es mejor aún. Muy bueno.

Cecy dijo...

Por suerte ella se da cuenta y seguramente se lo dirá y el se va a sonrojar.

Que bonito.

Un abrazo!

Anónimo dijo...

Ami me encanto dos tontoss
Me senti parte de ese encuentro como si me hubiese sentado en la mesa de al lado y con cafe en mano los hubiera contemplado! Me encanto!!!

Vero

ALA_STRANGE dijo...

y sí. Tus escritos me seducen

:D

TORO SALVAJE dijo...

La historia se repite.
Un bucle infinito el de ellos.

Besos.

Janeth dijo...

Me gusto mucho, aquella pareja que a pesar de los años todavia se recuerdan, bonito encuentro,...amiga no dejas de sorprenderme.....

Humberto Dib dijo...

Una bella historia, la edad es un número, nada más...
Besos.
HD

Alezhi dijo...

Qué historia tan bonita y a la vez tan triste, que pena que a veces no nos atrevamos a decir nuestros sentimientos, el amor es algo que no se debe de negar,hay que gritarlo, mínimo hacerlo saber.

Que lindo :)

La paciente nº 24 dijo...

Puentes rotos, es extraño eso en el amor.

anuar bolaños dijo...

No se ha acabado el camino,
la muerte no ha arribado.
Quedan visos naranja en el cielo,
atardeceres junto al vino.
El río no se extingue,
aún hay estrellas por señalar,
manos prestas al trabajo.
Las flores saldrán a absorber el rocío.
No se han humedecido ya todos los tizones.


Anuar Iván.

Rochitas dijo...

lu, se quedaron habitando un paréntesis, y cuando podían cerrarlo eligieron permanecer en él; o lo que es peor, fueron conscientes de esa longitud que sólo los detuvo paralizados en vida, en busca de una utopía que ellos mismos devastarían.

Ale dijo...

"Y tú que aún no te enteras que te amo, porque no entiendes el lenguaje de mis manos"

Valèrie dijo...

Me gustó mucho, pero ¿Sabés qué?, yo creo que si bien a veces es lindo escuchar un "te amo", él, (el ÉL de esta historia), se lo dijo...se lo dijo con gestos, ella debería saberlo :)

(Me gustó particularmente porque precisamente ahora estoy viviendo una historia que habia quedado postergada seis años atrás...y aunque yo no tenga sesenta y tantos...la sensación de poder cumplir esos sueños es tan hermosa...)