09 agosto 2011

TAL VEZ


La nota lo decía bien claro. A las diez en el bar de siempre.

Dudé. Podía ser una broma de muy mal gusto pero la letra era inconfundible y creí.

Allí estaba. Impaciente. Incomodo. Pero parecía feliz.

Sí, era él. Aunque costó que mis retinas reconstruyeran su imagen.

Me acerqué sigilosa. No me decidía a sentarme. Lo percibió pero no dijo nada. Miré a mí alrededor, todo parecía normal.

Perdió su mirada en la ventana, quería capturar imágenes. Hacía tiempo que no transitaba por estos lados.

No me apuró. Algo parecía haber cambiado durante estos meses que pasamos sin vernos.

Finalmente me senté. Nos miramos. Mis ojos se inundaron.

Lo extrañaba.

A pesar de la rutina, de los nuevos proyectos. Lo extrañaba.

Sonrió. Picara sonrisa que jamás se me borro de la mente en el tiempo transcurrido.

¿Cómo estas? - Preguntó.

Que amplia la pregunta ¿Qué responder? ¿Tan sólo bien o la verdad?

Comenzamos a charlar.

La moza nos interrumpió para tomarnos el pedido

Un café y una lágrima en jarrito, por favor.

Indudablemente no se había olvidado de mí.

Miré sus manos. Siempre me gustó mirarle las manos.

Su estadía era corta pero no quería desaprovechar la oportunidad de volvernos a ver. Me extrañaba. Se dio cuenta cuando me vio entrar.

¿Y vos cómo estas?

Mi pregunta no sólo era amplia, sino la más curiosa de todas las preguntas que había hecho en mi vida.

Otra vez retomamos la charla. Me contó de aquí y de allá. De lo que espera. De lo que ve. Dice estar tranquilo y eso me alegra. Que todo es mucho más fácil, pero que igual tiene que trabajar. Algunas noticias lo entristecen. Le llegan todos los mensajes que le enviamos y los guarda en una cajita, de madera por supuesto.

Que no extraña tanto. Salvo a algunas personas. Que le preocupan ciertas situaciones, pero que no puede hacer nada. Le gustaría limpiar la conciencia de muchos, pero todo tiene que seguir su curso.

Parecía que el café estaba rico. Lo disfrutaba. Lo olía cada tanto. En cambio a mí, la lágrima me pasó como si nada. Tal vez por costumbre.

Miró la hora

¿Ya te tenés que ir?

En un rato.

Algo dentro de mí se transformaba. ¡Cuanto necesitaba esa charla!

Escuché sus consejos. Me aseguró que debía sufrir menos y divertirme más, que luego las cosas cambian y solamente son validos aquellos buenos recuerdos, por eso había que acumularlos.

Yo quería detener el tiempo pero eso era algo imposible.

La despedida estaba próxima.

Me sentía más aliviada.

Se levantó y yo hice lo mismo. Adivinó mi intención y me abrazó primero.

Un fuerte abrazo que duró bastante y otra vez la inundación en mis ojos.

Alegría.

Inmensa.

¿Te voy a volver a ver?

Tal vez.

Y no dijo más.

Te quiero, llegué a gritar, cuando atravesaba la puerta.

Sonrió y se fue.

Tal vez, quedó rondando en mi cabeza, pero sentía en mi corazón que ese había sido nuestro último encuentro.

16 comentarios:

Manuel Ariza Canales dijo...

"El corazón tiene razones que la razón no comprende".
(Blaise Pascal)

Emotivo, romántico, en el mejor sentido de la palabra...

¿Cómo está el cielo de Buenos Aires?

Patito dijo...

El amor es maravilloso aunque a veces te hace llorar, es una parte del ser humano que lo hace valer a pesar de todas sus tantas miserias el amor lo hace valer.

Rebeca dijo...

Yo tuve una despedida parecida, en lugar de un "tal vez" me dijeron que no se despedian de mí porqué al final siempre nos volvíamos a ver, sin embargo, como la protagonista de tu hisotira sentí que esta vez sí era la última.

Gabriel dijo...

Nunca se sabe cuándo ha de ser la última vez, pero hay que disfrutar cada momento que se pueda como si así fuera.
Me haces recordar...
Un gran abrazo

David C. dijo...

bien detallista eres. me gusta.

Anónimo dijo...

hermoso... tus palabras si que llegan, besos

Mechu

Tu conformidad alimenta su poder dijo...

a veces hay personas que nunca se olvidan aunque decidais tomar caminos diferentes

mario gomez garrido dijo...

Uno de esos relatos en los que los silencios, lo que no se cuenta y el pasado confluyen para sugerir muchas emociones. Rotundo y triste el final. Hermoso su blog, no dejaré de pasar por aquí.

Cecy dijo...

Que suerte que existió ese abrazo, y poder decir un te quiero, aunque el instinto junto a la piel diga que es la ultima vez…

Me gusta como lo contas.
Un gran abrazo

Alezhi dijo...

En esta historia, como Laura Pausini canta: " Cuando se ama el final se presiente, se siente un nudo un vacío tan triste", quizá por ello tuvo ese presentimiento.

Muy bonita entrada, de verdad vi cada detalle relatado.

Saluditos

Chus dijo...

Hola:
Lo primero gracias por el comentario que me has dejado en mi blog. No te imaginas lo que ese tipo de comentarios me animan.

He venido hasta aqui, para saludarte y echar un vistazo a tus escritos. Me han gustado y mucho. Este segundo del cansancio, lo firmo, lo has escrito tu pero me siento tan identificada con el que podría haberle escrito yo, si tuviera tu arte para juntar palabras.

Encantada de haberte conocido
Un abrazo

El conocimiento es un amigo mortal dijo...

Palabras perdidas. Aquella tarde no pudieron decir la palabra amor. Ella sabe que no es un olvido casual. Al final sabe que ha sucedido, que finalmente, ha ocurrido: Ha perdido una palabra para siempre. En los meses siguientes las perderá a puñados, como un aquejado de galopante alopecia el pelo...

Un fuerte abrazo.

J. G. dijo...

excelente, para recordar que estuve aquí

Rossina dijo...

la intuición del final, a veces es eso, un presentimiento insondable, y otras veces el mismo miedo.
El estaba en otro plano, con la cajita de madera donde guardaba todo su pasado y el día a día de todos ustedes...
No sería justo, ni sabio que permaneciesen atados sin poder trascender, observándonos, guiandonos.
Sé que eso consuela la pérdida pero sería una mezquindad.
Agradezca el encuentro y el saber que allá todo es más fácil.

TORO SALVAJE dijo...

Nunca se sabe.
La vida está llena de sorpresas.

Besos.

Silvia García dijo...

Querida Lulu?? me gusta llamar a la gente por su nombre.
Yo necesitaría tanto una charla similar, pero sé que es imposible, lo último que dije hace unos meses fué: te deseo que seas felíz y que triunfes"
Precioso tu escrito realmente llegan al alma, y por ahora mi alma está dolorida.
Un abrazo
Silvia