26 diciembre 2011

EN EL JARDÍN DE LAS ROSAS V


Rosa me consiguió el teléfono del brujo. Lo llamé pero no le adelanté demasiado. Quería decirle las cosas cara a cara. Al día siguiente yo tenía que presentarme a trabajar, ya no podía faltar más.
Martín me acompañó. Era rara la situación. Volver juntos al lugar que compartíamos pero él ya no podía impartirme órdenes.
Se quedó en mi oficina. Me resultaba incómodo tenerlo al lado supervisando cada cosa que hacía.

- Así que usas el facebook en la hora laboral. ¡Qué bonito! Seguro que hacías lo mismo antes.
- ¿Antes de qué?
- De que muriera. Ja seguro que perdías tiempo en eso y yo no me daba cuenta.
Me ayudó en varias tareas esa tarde. Parecía que nada malo había ocurrido.
Cuando su padre llegó se sorprendió y yo me puse nerviosa.

- ¿Todo bien, Laura? – preguntó extrañado Ernesto.
- Ningún problema. ¿Necesitaba algo?
- Si, pero no creo que me puedas ayudar. El único que sabía resolver esto era Martín. – y bajó la cabeza como recordando.
- Pedíle que te lo muestre – Dijo Martín.
- Ernesto, ¿Me lo presta?
No se muy bien porque motivo accedió a mi pedido, pero Martín logró resolver el inconveniente y me fue dictando la respuesta.
Ernesto se sorprendió. Se quedó mirándome fijo como si reconociera a su hijo en mí.
Me agradeció y se fue. Supongo que el momento lo emocionó.
Al salir de la oficina fuimos con Martín a ver al brujo.
Octavio Fuentes. Un nombre imponente. Más de telenovela que de brujerías pero por el momento, era la única solución que teníamos.
El lugar era bastante normal. Muy alejado de mis fantasías. Nada de telas colgando en el techo ni bolas de cristal. Menos que menos se apareció el tal Octavio con un turbante en la cabeza. Martín tenía razón. Mi imaginación era excesiva.

- Un gusto de conocerla, Laura.
- Gracias, igualmente.
- ¿En qué puedo ayudarlos?
- ¿Ayudarlos?
- Estás acompañada ¿no es así?
- ¿Ve a Martín? – pregunté sorprendida.
- Lo puedo sentir.
- Ese es, justamente, el motivo de mi visita. Martín está muerto pero yo soy la única que lo puede ver.
- ¿Tenés que decir con tanta ligereza que estoy muerto? – acotó Martín molesto. Lo chisté para que sintiera que eso no era lo importante en ese momento.
- ¿Hace cuanto que murió?
- Un mes - dijimos al unísono.
- Está más que claro, que hay un motivo por el cual él no puede despegar de este plano.
- Yo pensé lo mismo – argumenté orgullosa de que mi teoría fantasiosa, como me había dicho él, pudiera ser cierta.
- Para que … ¿Cómo se llama el difunto?
- ¿Difunto? Por Dios que palabra espeluznante – Dijo él estremeciéndose.
- Martín. Se llama Martín Paz.
- Decile que no me vuelva a decir difunto.
- Cortala Martín.
- ¡Deciseló!
- Por favor sería tan amable de llamarlo por su nombre.
- Por supuesto. Se ponen muy susceptibles cuando no tienen definido el plano donde permanecer.
- En conclusión ¿Qué tenemos que hacer Octavio?
- Vos nada, querida. Martín va a tener que tratar de descubrir cual es la cuenta pendiente que tiene en la tierra. Sólo así va a poder partir.
Estaba más que claro. Había algo de su vida que quedó inconcluso.
Martín no tenía la más pálida idea de cual era su cuenta pendiente. Iba a ser difícil encontrar la solución al problema.
Antes de pagarle a Octavio e irnos, le pregunté.

- ¿Y yo porque estoy metida en todo esto?
- No podría asegurarte. Tiene un poco que ver con la predisposición de cada persona y sobre todo con lo que tenés aquí – apoyó su mano en mi corazón. No hizo falta que nos explicara más. Ya teníamos la punta del ovillo.

3 comentarios:

Manuel Ariza Canales dijo...

El misterio es la tela invisible que separa y une los diferentes planos de la realidad. ¿Están tus personajes a punto de rasgarla?
¡Feliz Navidad, Lulú!

Cecy dijo...

Se me disparan tantas posibilidades de la misión antes de partir, pero al mismo tiempo, no se. jaja

Un abrazo!

Alezhi dijo...

Medio espeluznante eso de seguir viendo a alguien fallecido, aun cuando fuera alguien muy amado, creo que eso me haría sentir mas bien un poquito loca.

Saludos y felices fiestas